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Científico ateo encuentra la verdad y se convierte en cristiano: “Gracias, Señor Jesucristo, ahora creo”

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El doctor Sy Garte vivió toda su vida como un científico ateo, pensaba que la ciencia tenía todas las respuestas. Sin embargo, a medida que fue creciendo su conocimiento científico, empezó a hacer preguntas que lo llevaron a conocer a Jesucristo.

Garte no sabía que el Espíritu Santo estaba trabajando en su vi hasta que un encuentro sobrenatural le abrió los ojos a la verdad y cambio su vida para siempre.

La manera en que el Dr. conoció a Dios fue en medio de sus investigaciones como científico, cada pregunta lo acercaron a Jesús.

“Toda la vida fui un ateo incrédulo, hasta que encontré la verdad. Gracias, Señor. Creo, y soy salvo. Gracias, Señor Jesucristo”, declaró Garte.

Testimonio Impactante
El Dr. Garte creció en una familia atea. Lo describió como “anticristiano”. Opinaban que Dios no existía. Vivió la mayor parte de su vida como un ateo incrédulo.

Pero, su amor por la ciencia lo llevo a preguntarse:

¿Cómo empezó la vida? ¿Qué significa ser un ser humano? ¿Cuál es la fuente de nuestra creatividad?“. Finalmente, concluyó que la ciencia no podía explicarlo todo.

El doctor conoció a un amigo que lo invitó a un servicio religioso. Y al contrario de lo que esperaba, se sorprendió al escuchar a un predicador que hablaba del amor.

Pensó que los cristianos dan una condenación atronadora de los pecados y miradas sospechosas. En cambio, la gente dentro de la iglesia le estrechó la mano y le deseó paz en su vida.

Garte decidió abrir la Biblia y leer los Evangelios a partir de entonces. Repasó las enseñanzas de Jesús, y todas ellas resonaron en su corazón. Especialmente el Libro de los Hechos lo impresionó como una historia real y no solo como una narración ficticia.

No obstante, ser un científico ateo hizo que Garte dudara absolutamente en Jesús por varios años. Entonces, el Espíritu Santo inició a trabajar profundamente en él.

De regreso a Pensilvania, Garte encendió la radio y sonaba la voz de un predicador evangélico. Confesó que el predicador era del tipo del que solía burlarse y evitar. Pero, esta vez, fue tan bueno que Garte escuchó durante unos minutos antes de apagar la radio.

Mientras conducía en silencio, consideró la idea de que él también predicara. Quería compartir que si hubiera un Dios, Él podría usar la ciencia como una herramienta para crear el mundo. Entonces, sucedió algo sobrenatural.

El doctor tuvo la visión, en donde se encontraba predicando con una gran audiencia en un estadio al aire libre. Testifico de cómo Jesús lo ama y que el poder del sacrificio de Cristo en la cruz trae salvación.

Garte se quedó completamente sin palabras. Todos los conceptos que compartió en su visión eran desconocidos. Compartió, “la única explicación que pude entender fue que el Espíritu Santo había entrado en mi vida de manera dramática”.

Cuando se dio cuenta de lo que había pasado, solo pudo decir entre lagrimas: “Gracias, Señor. Creo, y soy salvo. Gracias, Señor Jesucristo”.

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