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¿”El calvinismo es el verdadero evangelio”? – CRISTIANISMO PARA ATEOS

¿”El calvinismo es el verdadero evangelio”?

                No. De hecho, ni siquiera hay evangelio en el calvinismo. El evangelio significa en vocablo griego “buena nueva” o mensaje feliz. Pero si según el calvinismo ser “elegido” significa ser seleccionado desde antes de la creación para salvación entonces ¿de qué tenemos que ser salvos si siempre lo hemos sido? De nada, porque ya lo eran mucho antes de nacer por lo que nunca estuvimos en peligro de alguna condenación. Mientras que los no elegidos nunca tuvieron esperanza, ni lo tendrán. Por eso muchos calvinistas no predican ni hacen llamados en sus iglesias pues ¿para qué si lo que será, será y ya todo ha sido predeterminado por el dios-calvinista? Por tanto, el calvinista y el no calvinista no necesitan de un Salvador. Si no eres uno de los elegidos entonces la muerte de Cristo no son buenas noticias para ti y si eres uno de los elegidos entonces la muerte de Cristo es solo una periferia y no importa porque la “elección” es el único evangelio (buenas nuevas) en el calvinismo. Sin olvidar que un calvinista ni siquiera puede estar seguro de que es uno de los elegidos y tiene que depender de sus obras (como el 5 punto del TULIP sobre la perseveración hasta la salvación final) o su propia experiencia personal para "saberlo". 
             Así que, aun si el evangelio es llamado “buenas nuevas” en el calvinismo sigue siendo una gran pregunta desde su cosmología fatalista pues esa llamada gracia irresistible puede ser evanescente por lo que saben. Algún calvinista dirá que es al revés porque para ellos el libre albedrio es salvarnos a nosotros y por ende no se necesita de un Salvador. Pero hay dos problemas con este tipo de mal argumento. Primero apela a una falacia de hombre de paja ya que ningún cristiano (no calvinista como los Bautistas Generales) no enseñan que el libre albedrio es una obra ni que salva sino solo el Salvador Jesucristo. La fe tampoco es una obra. Al contrario, la fe es opuesta a la obra (Efesios 2:8; Romanos 4:5; 5:1-2; Gálatas 2:16; 3:2,5,10; Filipenses 3:2-9; 2 Timoteo 1:9 y Tito 3:5) y esta viene por el oír (Romanos 10:17). Por eso la importancia de la obra misionera y el evangelismo personal (Romanos 10:14-15) lo cual muchos calvinistas no practican. 
               Una buena analogía de esto es cuando una persona se está ahogando en el mar y otra persona le lanza un salvidas o le extiende la mano para rescatarlo (como hizo Jesús con Pedro). ¿A quién esa persona le debe su salvación? ¿A él mismo? No porque el que haya tomado la decisión de aceptar el salvavidas no significa que él se salvó asímismo y que por ende no necesitó de otra persona sino que fue gracias a esa otra persona que le lanzó el salvavidas lo cual es una de las ilustraciones más típicas que usamos de que en el evangelismo personal o misionera Cristo es como nuestro chaleco salvavidas o el paracaídas que Dios envió a la tierra para salvarnos (Juan 3:14-21). El libre albedrio tampoco es una obra sino un don de Dios con el que ya venimos al ser creados a Su imagen y que sirve primero como prueba de que no somos marionetas o máquinas de carne (como creían muchos antiguos filósofos paganos y algunos ateos en la actualidad) sino que tenemos voluntad propia (Lea Mateo 23:37; Juan 3:14-21; 2 Pedro 3:9; Deuteronomio 30:15,19; Romanos 2:4-8; Proverbios 1:29-31, Isaías 1:19-20, etc.). Segundo, ese libre albedrio o libertad de escoger es una demostración del amor de Dios pues el verdadero amor no obliga y tercero nos hace responsables de nuestras propias acciones lo cual explica porque Dios se enoja, juzga, disciplina y castiga cuando pecamos. Por tanto, si pecamos es culpa de nosotros y no de Dios quien no es el autor del mal ni su causa. Por último, es en el calvinismo donde no hay esperanza ni evangelio ni Salvador y ¿para qué si según el determinismo calvinista ya fuimos elegido para salvación desde antes de la creación del mundo? Solo hay los elegidos y los no elegidos y en la que los neocalvinistas esperan, con un poco de suerte y con sus dedos cruzados, ser parte de los elegidos.

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